Fundación lanza proyecto tecnológico de agua segura

1 Ago, 2018  |  Ciencia y tecnología  |  0 comentarios

En marzo, Cántaro Azul fue reconocido por “Buenas prácticas y experiencias más exitosas en agua y saneamiento en las Américas”

En México, alrededor de 20 millones de personas consumen agua contaminada. Y muchas más deben gastar una parte de sus ingresos en comprar agua embotellada, pues dependen de fuentes de agua que no están disponibles todo el tiempo o no son seguras para el consumo humano.

Las estimaciones anteriores provienen de Fundación Cántaro Azul, una asociación civil cuyo propósito es generar soluciones de agua y saneamiento en México, en particular, en las zonas de mayor marginación del país y, por lo mismo, con mayor riesgo de sufrir enfermedades gastrointestinales ocasionadas por falta de servicios.

Por su programa Agua Segura en Escuelas, en marzo pasado Cántaro Azul recibió el reconocimiento “Buenas prácticas y experiencias más exitosas en agua y saneamiento en las Américas”, en el 8o Foro Mundial del Agua, realizado en Brasil.

Fermín Reygadas Robles Gil, director general de Cántaro Azul, conversó en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt acerca de los retos de agua y saneamiento que enfrenta México. Su diagnóstico: sistemas de agua y saneamiento deficientes, tecnologías que no toman en cuenta contexto y recursos locales y, sobre todo, instituciones y políticas públicas con agendas de corto plazo.

La innovación y la tecnología, dice Fermín Reygadas, no bastan para enfrentar los problemas de México en el tema del agua y el saneamiento.

El desafío no es solo de innovación

Varios de los programas de Cántaro Azul combinan ecotecnias (baños secos y captación pluvial) con tecnologías que han creado ahí mismo. Un ejemplo es su Sistema de Agua Segura, desarrollado en colaboración con la Universidad de California en Berkeley, que desinfecta hasta 150 mil litros de agua y funciona con luz ultravioleta. O la Mesita Azul, que “inactiva bacterias, virus y protozoarios, con una capacidad de flujo de cinco litros por minuto, sin afectar las propiedades fisicoquímicas del agua, como el sabor y la temperatura”.

A pesar de esos logros, Fermín Reygadas, director general de la organización, tiene claro que los problemas en materia de agua y saneamiento que enfrenta el país no van a resolverse solo con innovación tecnológica.

“Realmente, tiene que haber cambios en todo el sistema. En las leyes y reglas de operación en torno al agua, en los mecanismos de rendición de cuentas, con transparencia de cómo se invierten los recursos. Mientras no exista todo eso, alineado a tener servicios sostenibles de agua y saneamiento, por más tecnologías innovadoras que pueda haber, o por más iniciativas de organizaciones como Cántaro Azul, de los centros de investigación, o de los barrios o escuelas, los cambios van a ser muy puntuales y no se lograrán las grandes transformaciones que necesita México”.

Saneamiento

En cuanto al tema de saneamiento, para el doctor Fermín Reygadas, uno de los errores históricos de México ha sido interesarse tanto por las tecnologías usadas en Estados Unidos, Canadá y Europa, que pierde de vista el contexto del país y los recursos reales con que cuenta para implementarlas.

“Cuando se tienen los recursos y las instituciones adecuadas, las tecnologías sofisticadas e intensivas pueden ser muy buenas. Pero en México también hay una relación clientelar entre gobierno y empresas. Se hacen grandes obras, se cortan listones inaugurales, y luego de un tiempo se abandonan. Porque los organismos operadores no suelen estar dotados de los recursos suficientes para mantener a personal calificado o siquiera pagar el gasto energético de la operación: la electricidad para las bombas de lodos activados, por ejemplo”.

Pero hay, además —afirma Fermín Reygadas, también físico por la UNAM—, otras tecnologías que podrían dar mejores resultados en nuestro contexto. “Y son tecnologías que han sido aplicadas con mucho éxito en algunos lugares de América Latina. Por ejemplo: las lagunas de oxidación, que sí requieren algo más de terreno, pero es una tecnología muy efectiva para tratar el agua. Al no tomar en cuenta esas tecnologías, acabamos invirtiendo en plantas de tratamiento que terminan abandonadas o con un funcionamiento subóptimo”.

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Fuente: Conacyt


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